Los prófugos dejan guardado su rosto en las gavetas insolubles de los días.
Los prófugos rasgan la noche en mil pedazos y se van.
A veces los prófugos derraman un poco de sangre sagrada en las comisuras infalibles de tu olvido.
Quienes buscan a los prófugos saben muy bien que están acostados sobre una cama de proyectiles afilados, saben que las horas manchadas de angustia desaparecen entre la bruma que abruma… pero no hacen nada.
Los fugitivos teorizan sobre su estado de contumacia alrededor de una fogata en medio de la ciudad, los contumaces suelen naufragar entre los rostros inexpresivos de las huellas que dejan al partir.
Me fugo de ti cada mañana y me capturas en las noches acompañada de una horda de silencios pero sé que el mejor lugar para esconderme son tus tetas prodigiosas.
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